PASAJERO



Ahora entro y me siento, puntual como cada día. Aquí, éste es mi rincón favorito en el vagón. Son las 5:30 de la madrugada, las calles están aún desiertas, pero este mundo subterráneo ya empieza a despertar lentamente.

Las penumbras grises de las bombillas gastadas siguen ahí, son las de siempre. Nada ha cambiado desde la última vez. A la izquierda reconozco a Celia. Enfrente de ella, de pie como siempre, está Juan, el flaco. Al fondo del vagón percibo la calva de Lauren. En la próxima estación subirá Perlita, la guapa.

Estos no son sus nombres auténticos, por supuesto. Son los nombres que les he ido poniendo a cada uno de ellos a lo largo de los últimos veinte, tal vez treinta años. Día a día los encuentro en el mismo sitio a la misma hora. Almas urbanas que van o vuelven del trabajo, quien sabe... Parece mentira, pero en todo ese tiempo no he intercambiado ni una sola palabra con ellos, ni un simple “buenos días…, con dios…”. Tal vez ellos también me reconocen y lamentan no saber cual es mi verdadero nombre.

Recuerdo la primera vez que vi a Perlita la guapa. Era una mañana de primavera y me sentía bien. Entró y me miró. Creí ver en sus ojos un guiño y en sus labios una sonrisa. Le puse nombre de inmediato, me recordó a otra Perlita, alguna actriz de moda, supongo. Parece mentira lo que el tiempo hace con las personas. En la primera época le brillaban los ojos con un reflejo de fe en el futuro. Ahora su maquillaje ajado sólo muestra una mujer cansada y triste.

A Juan, el flaco, no me costó ponerle nombre, su aspecto me recordó a un cómico de cine mudo. Juan es sólo un apodo que le puse por no ofender.

Lauren es harina de otro costal. Tardé al menos un año en encontrar algún nombre que le identificara. Finalmente decidí que parecía francés y así lo bauticé.

Y Celia, mi querida Celia, me recuerda tanto a aquella niña a la que amé en mis primeros aleteos juveniles, que a veces estoy convencido de que se trata de ella misma, aunque nunca me haya reconocido.

Aquí están todos, sólo faltaba yo. No importa, he vuelto. A pesar de que he muerto hace ya tres días, de nuevo estoy en mi sitio en este tren de madrugada. Ha sido mío por mucho tiempo y aquí estaré todo el tiempo que me dejen. He oído voces llamándome, pero no iré, no quiero faltar a la cita diaria con mis viejos compañeros de viaje.



Pozuelo de Alarcón, 21 de Enero de 2012


Comentarios

  1. Hola Hobbit!
    Me he colado por aquí a curiosear y debo decir que ha sido una grata sorpresa. Me atrapó la historia, no me esperaba este final. Si me tuviera que quejar de algo sería del poco tiempo que le dedicaste al flaco, a Lauren y a Celia, me hubiera gustado conocerlos más ¡Anímate a publicar en la página del curso!

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  2. Gracias por tus palabras Jennifer, animarnos entre nosotros puede ayudarnos a no dejar de intentarlo. En cuanto a los personajes, sólo comentarte que se trataba de un certamen literario de un máximo de 400 palabras; podría haber dicho mucho en esta historia, pero la limitación de espacio me dejó poca libertad...

    Gracias!!

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