FIN DE MILENIO

Me he parado a leer unas notas escritas por alguno de mis antepasados acerca de su fin de milenio. Son notas tremendamente antiguas. Datan nada más y nada menos que del año 1999 y relatan los sucesos que tuvieron lugar en el cambio de tal año a los nuevos año, siglo y milenio: el 2000.

Ahora, mil años después, algunas de esas notas parecen de película de cinta de vídeo (ya no se usan desde hace cientos de años), pero otras tienen una gran parecido con los sucesos que están acaeciendo (y con los que se prevén) en este cambio del tercero al cuarto milenio.

Hoy, 26 de Diciembre del año occidental 2999, he decidido dejar estas páginas escritas por si alguno de mis descendientes remotos tuviera la curiosidad de leerlas dentro de cien, mil o diez mil años.

Bien es verdad que no sé de qué manera podrán conservarse sobre un simple papel. No son por desgracia tan permanentes como los legados por aquél antepasado mío allá por el fin del segundo milenio. En aquél entonces aún existían los ordenadores. De hecho, habían sido inventados unas pocas décadas atrás en aquél mismo siglo, y mi antepasado aprovechó aquella potente tecnología para legar sus memorias.

Hoy no disponemos de tal magia tecnológica. O mejor dicho, los ordenadores si existen y con mucha mayor capacidad y potencia que los arcaicos cacharros de aquellos tiempos. Sin embargo, ya no podemos utilizarlos.

La energía eléctrica ya no existe. La última de la que disponíamos se extinguió  hace tan sólo unas semanas.

¿Cómo puedo entonces leer las notas de mi antepasado grabadas en un antiguo soporte al que denominaban CD y que era capaz de albergar la irrisoria cantidad de 700 millones de letras? En realidad fue gracias a mi hijo Samy. Él hizo una impresión del documento mientras jugaba con los trastos viejos del desván, sólo algunas horas antes de que las luces se apagaran para siempre.

¿Cómo es el mundo de hoy y cómo el que se avecina? Es esa la intención que dirige mi puño sobre el papel: Intentar plasmarlo.

En primer lugar hace mucho frío y durante las horas de la noche la oscuridad es total. La comida escasea, sólo nos alimentamos con latas de conservas, los alimentos frescos casi no existen y se estropean por no tener donde mantenerlos. Comemos muy de cuando en cuando y ya nadie trabaja pues ya no sirve para nada. La violencia se extiende día a día.

Hablo del futuro y quiero escribir para él, pero creo que no vale la pena. Estoy seguro de que la raza humana se extinguirá en unas semanas.

Llaman a la puerta. No abriré. Sé que no hay nada bueno tras esa puerta. En mi casa sólo quedo yo.  Todos los demás ya han muerto. Cerraré los ojos y pensaré que estoy en 1999. Entonces todo era mejor, seguro que hasta sonreían de vez en cuando...


Pozuelo de Alarcón, 15 de enero de 2012


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