COMANDANTE



La decisión ha sido tomada finalmente por el consejo de ancianos. Hoy, 16 de junio del año 2231, se ha decidido utilizar por primera vez la máquina del tiempo.

En realidad, este artilugio no es una nueva tecnología, sino que fue construido hace unos cincuenta años y las primeras pruebas se realizaron en las postrimerías del siglo pasado. Finalmente se perdió el interés en él cuando los científicos demostraron que sólo se podía viajar hacia atrás en el tiempo, pero nunca hacia el futuro. Tras un arduo debate, el consejo de ancianos de la tribu que la creó votó en contra de su no utilización. Venció el temor a que una paradoja temporal por algún cambio en el pasado, pudiera hacer de este mundo un sitio aún menos habitable de lo que ya lo es en la actualidad.

Hoy se ha decidido utilizarla por primera vez en una misión real: asesinar a un hombre del siglo XX.

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El mundo actual, como acabo de comentar, es un entorno inhóspito debido a las grandes guerras que se producen a lo largo de todo el planeta, la comida escasea y el respeto por la vida es un sueño propio de otra época. Conocemos la palabra paz sólo por los libros antiguos, hoy en día tal palabra ha quedado en desuso, de la misma manera que otras como amor, tolerancia, benevolencia,… La única palabra que pronunciamos cada mañana al salir el sol es: supervivencia.

Los ancianos nos cuentan historias de un mundo en paz casi generalizada, donde era habitual respetar a los demás, donde existían la ley y el orden, donde las personas mantenían relaciones familiares y amistosas de una forma espontánea, no por la necesidad de llegar con vida al día siguiente. Aunque no se podía decir que fuera de color de rosa, al menos existía la posibilidad de dormir sin un arma bajo la almohada y de despertar por la mañana sin tener que hacer un recuento de las bajas producidas por la violencia nocturna.

Son leyendas, tal vez irreales, que los ancianos aprendieron de sus abuelos y que estos aprendieron a su vez de sus abuelos. Tal vez no fuera así, pero he soñado muchas veces de niño con ellas y he crecido luchando por la idea de volver a crear un mundo parecido al de estas leyendas, tal vez soy un idealista, pero no quiero morir sin intentarlo.

Fue esta aspiración utópica la que me empujó hacia las últimas bibliotecas que han sobrevivido a la locura generalizada. En libros viejos y periódicos digitalizados aprendí como fue el inicio de la barbarie en que se convirtió la vida en la tierra. Fue el afán imperialista de una nación denominada Estados Unidos la que, a finales del siglo XX, inició guerras indiscriminadas en países ajenos para así poder despojarles de riquezas naturales y materias primas básica, especialmente petróleo, pero también otras como madera, gas, diamantes y otros elementos necesarios para la vida habitual de sus conciudadanos. La estrategia era machacar sin piedad la propiedad ajena fuera de su propio territorio para que sus ciudadanos pudieran tener una vida plácida y con toda clase de comodidades.

El gran iniciador al que todos los escritos de la época apuntan es un tal George W. Bush, presidente de dicho imperio entre los años 2001 y 2009. Este era, a su vez, hijo de otro presidente con el mismo nombre, quien había legado a su hijo los afanes imperialistas que no pudo llevar a cabo durante su propio mandato.

He crecido estudiando los detalles de las acciones de estos hombres y he odiado cada una de sus hazañas segundo a segundo, deseando poder acabar con ellos con mis propias manos. Esta idea ha alimentado mi vida y, aunque mi difunto padre intentó inculcarme una existencia sin odio, no he podido dejar de soñar con la venganza contra ellos y el imperio que los ovacionó, empujándolos en su afán de conquista.

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Hace seis años, mientras me hallaba en misión de recuperación de material robado por una tribu ajena, cayó entre mis manos un pequeño manual de una máquina de aspecto curioso, que atrajo mi atención de forma inmediata por el estúpido título de su portada: LA MAQUINA DEL TIEMPO. Al principio pensé que se trataba de una novela de ciencia ficción, de las pocas que aún quedan y he podido leer a lo largo de mi vida.

Descubrí con estupor, sin embargo, que no se trataba de un relato de ficción, sino que describía en detalle la susodicha máquina, empezando por la historia de su concepción, el diseño inicial, el manual de uso y las pruebas realizadas algunas décadas atrás. Desde ese momento, dediqué cada minuto que tuve libre a memorizar una a una todas las instrucciones de aquél manual. Cuando lo hube hecho, mi vida se centró en un único objetivo: encontrarla. Este objetivo lo llevé a cabo con el mismo afán que, como leí en los libros antiguos, otros hombres buscaron en otro tiempo el santo grial.

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Busqué el apoyo de mis mejores amigos y aliados, todos soldados de defensa de nuestra tribu y, hace poco más de un año, conseguimos descubrir su paradero. El hecho de haber encontrado el manual en nuestra ciudad nos hacía sospechar que podía encontrarse no muy lejos de nosotros y, aunque el objetivo parecía utópico, por fin descubrimos su localización en un almacén abandonado en una ciudad a quinientos kilómetros de la nuestra. Esta distancia que antiguamente debió ser bastante asequible, en estos momentos se antojaba casi inabordable. Tuve que emplearme a fondo para que el desánimo no calara en mi círculo de aliados.

Puestos en la empresa, conseguir robarla a sus dueños a la sazón no fue una tarea sencilla. Las luchas que tuvimos que efectuar para hacerlo nos llevaron varios meses y produjeron más de diez bajas en nuestro bando, aunque más de cien en el de nuestros oponentes. Cuando finalmente fue nuestra, la trasportamos hasta nuestra ciudad y la instalamos en un estadio que en otro tiempo fue cancha de baloncesto y que actualmente utilizamos como almacén de equipamiento no comestible.

Desde ese momento hasta hace dos semanas, he pasado mis noches libres estudiando y reparando el extraño ingenio. Han sido noches agotadoras, criticado por unos pocos y alentado por no menos de los camaradas de la tribu, entre ellos mi amada Lurka, la mujer que me acompaña desde que cumplí los veinte años. Ella teme por mi vida, ya que apenas he comido ni dormido durante meses y mi aspecto vital ha ido  mermando con el paso de los días. Sólo el brillo que veía en mis ojos la animaba a creer en mí y a estar a mi lado en cada momento a pesar de todo. Finalmente sé que la máquina está preparada para hacer el gran viaje, aunque no me he atrevido a emprenderlo sin el permiso de los ancianos de la tribu, ya que las consecuencias pueden ser catastróficas y quiero tener su completa aprobación.

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La palabra paradoja temporal ha sido mi leitmotiv en todo este proceso. La idea que ha calado en mi mente y que ha sido soporte en los momentos de desfallecimiento por la falta de alimento y sueño, ha sido la de cambiar el mundo actual mediante el cambio de algún elemento del pasado. De forma concreta, creo que acabar con el presidente de EEUU en un momento del tiempo antes de que este accediera a la presidencia de los Estados Unidos el 20 de enero de 2001, podría hacer cambiar la historia y, tal vez, el planeta que ahora conocemos pudiera ser un mundo agradable donde la esperanza de vida de un recién nacido fuera superior a los doce años.

Esta idea ha sido el planteamiento básico que ha centrado mi exposición al consejo de ancianos desde hace una semana. Al principio todos me tachaban de loco, pero a lo largo de los días he conseguido hacer nacer un pequeño brillo de esperanza en sus miradas cansadas. He de decir que el hecho de que me hayan apoyado un gran número de mis camaradas soldados y mi grado de comandante del ejército de defensa de la tribu, ha contribuido en gran manera a que las barreras hayan caído una a una y que la misión haya sido aprobada por unanimidad.

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Hoy, a las 23:00 horas del día 26 de junio, escribo estas notas para que, en caso de que mi misión fracase, mis hijos y posteriores descendientes puedan conocer el origen y motivo de la locura de su antepasado. Si la misión fuera exitosa, este escrito será probablemente en vano, ya que seguramente la historia no habrá sido ésta y, quien sabe, tal vez haya nacido y crecido en un mundo en paz o, simplemente, ni siquiera haya existido.

La misión tendrá comienzo mañana 27 de junio del año 2231 a las 10:00 horas de la mañana y será puesta en marcha en el almacén donde he preparado la máquina del tiempo durante estos meses atrás. Objetivo temporal: Algún momento del tiempo del año 1998. Localización: Algún lugar de la tierra cercana a los Estados Unidos de América.

Sólo quinientas personas asistirán al acto de lanzamiento de la misión, entre ellas Lurka, mi fiel compañera, y mis dos hijos: Jean y Lara. Lurka ha preparado todo mi equipaje, aunque este haya sido realmente escueto. Es mejor llevar lo mínimo imprescindible ya que no sabemos qué encontraré al otro lado.

Pero hay una cosa en la que Lurka se ha afanado de forma primordial, casi obsesiva. Dice que quiere verme entrar en la nave con aspecto orgulloso y que todo el mundo recuerde quien se sacrificó por ellos, tal vez en vano. Para ello ha pasado todo el día poniendo a punto mi uniforme de gala, aunque este es un simple mono de trabajador descolorido con unos pequeños toques que le dan un aire casi marcial. Ella, sin embargo lo ha lavado y remendado hasta hacerlo parecer un traje de soldado a la altura de las circunstancias. Lo que más tiempo le ha llevado ha sido coser en la espalda mi nombre en grandes letras doradas para que todos las vean en el momento de entrar en la máquina. He mirado el uniforme con mi nombre mientras abrazaba a Lurka, intentando secar las lágrimas que comenzaban a rodar por sus mejillas.

Sé que mis hijos se sentirán orgullosos al verme iniciar el viaje hacia el pasado, mientras todos leen el nombre y rango de su padre en el dorso del uniforme: COMANDANTE BIN LADEN.


Pozuelo de Alarcón, 3 de Febrero de 2012

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