MICRORRELATOS DE VERANO (2012)



Vaya por delante que el microrrelato no es lo mío. De hecho, se me da fatal. Lo de estar limitado a una extensión de pocas palabras me llega a agobiar, yo necesito tragos más largos para soltar mis historias al viento.

De todas formas, como son tan rápidos de escribir, voy haciendo pinitos para presentarlos en algunos certámenes literarios (Escuela de escritores, Cadena Ser,…) y se me van acumulando. Por ello he pensado publicarlos en el blog para evitar que se pierdan en un rincón de mi memoria.

Si notáis que los temas son raros es porque los certámenes suelen forzar la temática, el comienzo del relato, etc., además de la extensión.

En fin, aquí van, espero que no os aburran…
  

POR EL

“Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado…”, será la enésima vez que repita la excusa, domingo tras domingo, para justificar el caldo semiaguado que habrá servido sobre la mesa de camilla y no recordar la escasa pensión con la que tiene que sobrevivir, adelgazando sus carnes sobre el hueso roído que amenaza con traspasar la piel. El no responderá desde el otro extremo de la mesa, como siempre, y ella creerá aún verle a pesar de que hace ya años que se fue, dejando su sillón al lado de la ventana, vacío como los ojos que lo miran.


PÉRDIDA

“Por lo que más quieras lávate esas manos antes de acostarte”. Lo pienso pero no lo digo en voz alta. Sé que ella responderá automáticamente: “pues mamá me deja…”. Estoy perdiendo a Anita, lo sé. Y es por esa otra Ana, fiel imagen de los ojos que tengo delante de mí, pero con bastantes años más y un odio en la mirada que refleja todo el daño que les hice a las dos. Ella, la mayor, aleja de mí a la niña; poco a poco, pero inexorablemente. Acepto mi culpa, pero duele.


LARGA ESPERA

La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha, aparte de esos ojos risueños y provocadores que parecen haber sido forjados en otro mundo. Tal vez es por eso que este vagabundo es diferente al resto. No empuja ningún carrito, ni se le ha visto jamás comer o beber. Nunca se le vio tampoco dormir bajo una manta o unos cartones, incluso en las noches más frías del invierno. Pasa las noches mirando a las estrellas, como esperando algo que acabará por llegar tarde o temprano. He hablado con él, pero guarda sus secretos bajo un manto de ternura y misterio.


¡AY CALIFORNIA!

Caía el calor a plomo, como en esas tardes de agosto en Sevilla, y respirar se hacía imposible. La radio emitía una canción que me recordaba la época de la universidad, aunque mi nivel de inglés no daba para entender el título. Cayó la noche y el calor del desierto se convirtió en un frío mortal. La gasolina del coche amenazó con agotarse y un gusanillo culebreó en nuestros estómagos. Finalmente nuestro destino apareció como de la nada. Un cartel luminoso anunciaba: “Bienvenidos al hotel California”. La vieja dama bajo las letras fluorescentes mostraba en su mano un afilado cuchillo y sonreía con mirada felina.


EL BALCON DE TUS OJOS DE GATA – UN NUEVO ADIOS

El despertar con alguien a tu lado, el desconcierto por no recordar su cara y saber que no conoces su nombre. El intentar recordar lo que pasó ayer al acabar el concierto y saber que habrá gente que te esté buscando de forma infructuosa. Saber que tienes que marcharte con prisa, que hoy mismo, una noche más, tendrás que llegar a un nuevo sitio desconocido, salir al escenario e intentar no defraudar a los que te aclaman. Me vuelvo hacia la cama y guiño un ojo como única despedida. Un adiós más, una muesca más en mi revolver.


CURIOSA VELADA

Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos, mientras los vampiros van entrando en fila y se acomodan a la derecha. Los hombres lobo han llegado hace rato y miran a todos lados mientras se relamen salivas de sangre. Los zombis han avisado que se retrasarán, que vaya empezando la velada sin ellos. Nadie ha reparado en el hombre sin cabeza del fondo, que se peina constantemente mojando los dedos con la lengua. Finalmente empieza la fiesta, entre gritos de aflicción de la bella muchacha que atada en medio de la sala desgrana sus segundos en una lastimera cuenta atrás.


ARCO IRIS

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, vi aparecer uno tras otro los colores del arco iris al fundirse las nubes después de la tormenta. Recordé lo que había estudiado en el colegio al respecto. Lo que la ciencia no explicaba era el por qué de la presencia de aquellos puntos oscuros que hacía un momento se movían veloces y ahora se habían situado sobre las franjas del arco iris, uno por cada franja. No quise entenderlo, que la ciencia se encargue de ello, pensé; empecé a correr sin mirar atrás y me refugié entre los brazos de mi madre.


GRIS PERLA

De la rutina insípida de su oficina huía despavorido cada día cuando el reloj marcaba las seis.
–No aguanto un segundo más –solía decir a sus amigos mientras sorbía cerveza tras la faena diaria.
Aquella tarde, sin embargo, era diferente. No salía de la oficina a la hora habitual, sino que entraba. La cara de desesperación no auguraba un final feliz. Le miraron sus antiguos compañeros al pasar, sorprendidos ante sus gestos rápidos y nerviosos. Su antiguo jefe, el que le despidiera, no pudo reprimir un grito de terror mientras las dieciséis balas le entraban en su cuerpo, manchando de tinta roja su bonito traje gris perla.


ALMA VIEJA

–A la cola, como todo el mundo.
Había sonado la voz como un disparo, aunque con matices que me resultaron familiares. Tuve que volver la cabeza hacia atrás para descubrir las arrugas y el rostro de la que fuera la niña a la que había amado a los trece años.
Cincuenta años separaban aquella imagen de la del patio del colegio donde crecimos y nos dimos el primer beso. Los ojos cansados y tristes, el pelo blanco recogido en un moño. Ya no era ella, siendo suya el alma que habitaba aquél despojo. Contuve una lágrima y caminé hacia atrás en la cola de racionamiento del pan.


IR HACIA LA LUZ

Creía estar viendo el mundo desde abajo. Verlo desde arriba era demasiado vulgar para mis aspiraciones. Todo dejaba de ser difuso para convertirse en etéreo. Casi como verlo todo al mismo tiempo, o, si me fijaba mejor, no ver nada. Y, al fin y al cabo, ¡qué más da! Podía oír a mi corazón hablar por mí. No necesitaba ni siquiera pensarlo, ya estaba dicho. Si me lo proponía, podía incluso no mirar a la luz. Esa luz llena de miríadas de rayos independientes que, unidos al unísono, conformaban el haz que estaba dirigido solamente a mí. ¿Soy yo o es el mundo el que ha cambiado?, habló mi voz-corazón. Me siento ligero y al mismo tiempo muy pesado. Me importa todo y al mismo tiempo nada me importa. El camino se extendió hacia mí como la alfombra roja de una entrega de premios cinematográficos. Debía comenzar a andar sobre ella, parecía sugerir una voz en off. Y entonces oí el llanto. No de una, sino de mil voces. Todos piensan que no importa lo que está pasando, pasa para bien, pero al mismo tiempo se lamentan como si fuera el fin del mundo.

Voy hacia la luz, vigilo cada uno de mis movimientos, miro hacia atrás y oigo los llantos, miro hacia adelante y veo figuras que van tomando forma. No me importa si es una o mil muertes las que me llaman. No importa si es la primera o la última. Oigo hablar a un hombre de bata blanca. Anima a una mujer con gesto de dolor. Abro los ojos y todo es luz y color. Vengo de lo oscuro y llego a la claridad a través de la luz inmensa.

Creo que he muerto otra vez y vuelvo a empezar.



Pozuelo de Alarcón, 15 de Septiembre de 2012

Comentarios

  1. Hola, es posible que ya te haya llegado la convocatoria, pero por si acaso.
    Te invito a participar en DESPOJOS del REC.
    Ya somos más de medio centenar los participantes que hemos dado una segunda oportunidad a los microrrelatos que enviamos al concurso.
    Te dejo enlace al blog donde encontrarás toda la información para participar.
    Un saludo.
    http://espiralesdetinta.blogspot.com.es/2012/12/61-cuenta-atras.html

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

SOLAMENTE EN NAVIDAD

MENTIRAS Y SAL

BOOMERANG