LA PALABRA MAS HERMOSA



17:40 Colegio Nuestra Señora de Fátima

Mario no estaba en la puerta del colegio cuando Ana llegó a recogerle. Es cierto que llegaba con bastante retraso, pero no era la primera vez que pasaba. Mario no era un niño travieso y siempre esperaba a su madre en las escaleras de la entrada cuando esto ocurría. Ana no recordaba ni un solo percance en los diez años de su hijo.

Fue por esa razón que Ana se inquietó desde el primer momento. Entró en el colegio a preguntar, pero nadie supo darle noticias. La última clase terminaba a las cinco, por lo que a esas horas solo quedaba el personal de limpieza, y ellos no pudieron ayudarla.

18:10 Alrededores del colegio

Ana salió a la calle muy asustada. Algo había ocurrido, su corazón se lo decía. Y tenía que ser algo horrible, como lo que veía en las películas y que siempre pensó que a su familia no podría sucederle nunca.

Con los nervios encogiendo su estómago, paraba a todas las personas que encontraba por los alrededores del colegio. ¿Habían visto a un niño rubio, de casi uno cincuenta de estatura, ojos azules como el cielo y carita risueña?

Nadie supo darle respuestas. Se encontró perdida en medio de la gente. La angustia amenazaba con partirle el corazón, y un frío interno la hacía temblar a pesar de los 25 grados de ese día primaveral.

18:45 Camino a casa

Ana telefoneó a Ramón, su marido, por si había recibido alguna llamada relacionada con Mario. Este, sin embargo, no tenía noticia alguna. Se encontraba en Vigo de viaje de trabajo y no sabía nada. Pidió a Ana que se tranquilizara. Lo primero sería ponerse en contacto con los compañeros de colegio del niño, alguno tendría que saber algo de su hijo. Tal vez se hallaba en casa de alguno de ellos.

19:00 En casa

Tiene razón. Seguro que está jugando despreocupado mientras yo pienso en cosas horribles.

Tomó la agenda y comenzó a llamar a las madres de los amigos de Mario. Conocía a varias por haber coincidido en los cumpleaños de los chavales. Las llamó una por una, pero tampoco sacó nada en claro. Los niños no recordaban nada especial de su hijo en ese día.

Ya sabes lo que pasa, Ana, los niños están a lo suyo. No te preocupes, seguro que es una chiquillada y pronto aparecerá casa.

Pero esos comentarios no solo no la tranquilizaban, sino que la decepción tras cada llamada la sumían más y más en el pozo de ansiedad en que se hallaba. Cuando terminó la ronda, se preguntó qué hacer a continuación. Llamar a Ramón de nuevo o llorar en un rincón no serviría de nada. Necesitaba moverse, salir a la calle, gritar... Lo que fuera menos quedarse en casa esperando.

21:00 Comisaría de la policía nacional

Al entrar en la comisaría sintió una sensación de alivio. Estaba segura de que ellos podrían ayudarla. No quería pensar en lo contrario, necesitaba mantener un hilito de esperanza.

La atendió un funcionario de uniforme. Ana explicó con nerviosismo y grandes gestos los detalles de la desaparición de su hijo. Llegó a describir tres veces el aspecto de Mario y la ropa que llevaba aquél día. Era difícil hacerla callar.

Una vez formulada la denuncia, el agente contactó con el departamento de Personas Desaparecidas. Media hora más tarde entraba por la puerta la oficial Susana Alonso. La llevó a una sala de invitados donde podría encontrarse más cómoda y charló con ella un rato, al tiempo que le servía una infusión que le permitiría recobrar el ánimo.

22:00 Comisaría de la policía nacional

Tras acompañarla unos minutos, la oficial Alonso pidió a Ana que la esperara en la salita mientras hacía algunas gestiones. La mirada de la madre se hallaba perdida y ponía en sus manos todos sus anhelos. La oficial leyó esto en los ojos de Ana, como lo había leído en otros muchos en anteriores ocasiones.

Una vez en su despacho, Alonso ordenó a sus subordinados que hicieran una batida telefónica por los hospitales de Madrid. Mientras, ella haría una investigación en las bases de datos de la policía y la Guardia Civil, quizá alguna denuncia estuviera relacionada con el niño perdido.

A las 22:47 llegó la noticia: un niño con la edad y el aspecto de Mario había ingresado cadáver en el Hospital de la Paz. La causa de la muerte era accidente de tráfico y se había producido a pocas manzanas del colegio Nuestra Señora de Fátima.

A pesar de que estaba pendiente de identificación, la oficial no tuvo ninguna duda de que se trataba del hijo de Ana y una sensación de ahogo la dejó paralizada. No era la primera vez que se encontraba en una situación parecida, pero, en vez de acostumbrarse, en cada ocasión se encontraba más y más perdida a la hora de buscar palabras de consuelo.

Salió de su despacho y se dirigió a la sala de espera donde descansaba Ana. Se restregó las manos para calmar su nerviosismo.

22:51 Alrededores del cielo de Madrid, sobre las nubes

—¿Que has hecho qué? —el ángel jefe mira a su subordinado con ganas de estrangularlo— ¿Has vuelto a descuidar tus obligaciones con Mario por esa angelita que te trae de cabeza?, ¿estás loco?

Anás, ángel de la guarda en prácticas, mira al suelo de la nube con aire compungido.

—Y algo ha tenido que pasarle al niño, claro —continúa Ramplás, coordinador de ángeles con más de mil años de experiencia—, porque, si no, no habrías venido a contármelo con esa cara de cordero degollado.

—Lo siento, jefe, yo...

—¡Déjate de pamplinas! —le corta Ramplás— ¿Qué le ha pasado al crío?

—Le ha atropellado un coche —Anás levanta la mirada—. El niño ha muerto.

—¡Muerto! —Ramplás se sienta en su silla y le mira consternado— No puede ser, esto es una barbaridad. Es la primera vez que esto pasa en mi equipo, ¡y por culpa de un inepto enamorado! ¿Y ahora qué hacemos? No quiero ni pensar en la pobre madre...

—Bueno, jefe... —responde Anás— Había pensado que quizá podríamos pedir ayuda... ya sabe... al Jefe. La madre aún no lo sabe, están a punto de darle la noticia. Pero si nos damos prisa tal vez podamos evitarlo.

—¿Al Jefe? —responde malhumorado Ramplás— ¿Tú crees que el Jefe puede hacer un milagro por cada estupidez que comete un ángel de la guarda?

—En fin, señor... Si usted le explica que ha sido un fallo por amor, quizá el lo entienda. Él siempre dice que ésa es la palabra más hermosa jamás inventada.

22:58 Comisaría de la policía nacional

La oficial Alonso entra en la sala de estar y Ana levanta la mirada esperanzada. Sus ojos piden una noticia sobre su hijo, y que ésta sea la mejor noticia que le hayan dado en su vida.

La oficial toma aire antes de empezar a hablar, pero el sonido de su móvil la interrumpe.

—Al habla el agente Sánchez —le dice una voz de hombre al otro lado de la línea—. Ha habido un lamentable error, señora. Acaban de llamarme del hospital de la Paz. La víctima del accidente del que le he hablado antes no es un niño. El atropellado ha sido un hombre de mediana edad y no ha tenido graves consecuencias. Solo un tobillo torcido y algunas magulladuras. Le pido excusas por el malentendido.

La oficial se mueve entre la indignación por el equívoco y la gratitud porque la corrección haya llegado justo a tiempo. Por fin, la alegría interior que siente vence la batalla y despide al agente dándole las gracias.

—¿Alguna noticia? —pregunta Ana con brillo en la mirada por las lágrimas contenidas.

—Aún no, pero estamos trabajando para tenerla lo antes posible, se lo prometo —suspira la oficial.

De pronto, un silbido suena en el teléfono de Ana. Se trata de un mensaje de whatsapp que acaba de llegar. Proviene del móvil de su madre. Ana lee asombrada.

«mami, no se si sabes la hora que es, cuando vas a venir a buscarme?»

«mario, pero donde estas, hijo?»

«pues donde voy a estar?, en casa de la abuela, que pasa mami estas chalada?»

«pero como es que estas con la abuela?»

«lo que digo, chalada, no te acuerdas que hoy estaba con fiebre y me has dejado con ella? pues esta contenta, pensaba ir al bingo con las amigas y la has fastidiado»

Ana no entiende nada. Está casi segura de que hoy llevó a Mario al colegio, no a casa de su madre. No recuerda nada de esa fiebre y piensa que quizá la edad le empieza a pasar factura. Treinta y cinco años, ¡me estoy haciendo mayor!

Pero siente tanta alegría que se evade de pensamientos negativos. Mira a la oficial Alonso y empieza a componer en su mente las frases de disculpa que tendrá que ofrecerle antes de ir a abrazar a su hijo. El abrazo de hoy será el más fuerte que sus brazos de madre hayan dado nunca.

       Desde la ventana, una luminosidad sin forma concreta sonríe al ver la cara de satisfacción de Ana. Hoy ha sido un día duro, pero se promete que algo así no volverá a ocurrir.





Pozuelo de Alarcón, 22 de Marzo de 2015



Comentarios

  1. Qué genial, aunque me sorprende que hayas elegido un final feliz!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

SOLAMENTE EN NAVIDAD

MENTIRAS Y SAL

BOOMERANG